Fundación Tzadaká

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Taller de Humor con Tercera Edad


En el 
Taller de Humor con Tercera Edad que conduzco en la Fundación Tzedaká busco revitalizar a la persona mayor. El ser adulto, “viejo”, se asocia con lo que está estancado y fijo, en declive, en deterioro. Con el humor se cambia ese paradigma. Se abre el juego para un cambio de lugar, para una resignificación de lo que se cree que es la persona grande, lo que está permitido, lo que es correcto.

En mi trabajo con ellos no veo personas mayores, sino personas. En ellos siguen intactas la energía, la risa, la alegría, lo lúdico. Mi taller ayuda a explorar esas todas esas posibilidades. A pesar de limitaciones físicas y dificultades derivadas por la edad, los asistentes logran moverse, jugar, imaginar, improvisar, bailar. Y reírse. La risa no surge de un lugar ridículo, sino de la revisitación de situaciones, de resignificar momentos, encontrarse en lugares absurdos, personificar, ser otro y divertirse durante el proceso. La risa surge del juego con uno mismo y con los otros, mediante ejercicios de improvisación, de exploración y reconocimiento de las capacidades del cuerpo. Con es con texto, se arma a través de las improvisaciones. La memoria, el recordar consignas y textos, lo trabajo desde la fisicalidad, desde una postura flexible y abierta. Yo propongo como base para el trabajo teatral, a cualquier edad, el movimiento. La dinámica de la acción produce movimiento y ese movimiento, a la vez interno y externo, una transformación. No es un trabajo racional, sino corporal, orgánico.

Recuperar el sentido de lo lúdico es fundamental en la tercera edad, y es el eje y objetivo de mi trabajo con ellos. La resignificación interna y de la mirada de los otros hacia ellos, los pone en otro lugar. Abre un espacio para la valoración, a la vez que promueve la integración y el sentido de grupo.

Dentro del mismo taller, y como parte del Programa de Sobrevivientes del Holocausto que brinda la Fundación Tzedaká, trabajo con sobrevivientes de campos de concentración nazi. En este caso, el humor como herramienta tiene un doble objetivo: el de la revitalización y el de permitir la resiliencia, que es la capacidad que tiene todo ser humano de sobrevivir, sobreponerse y dotar de sentido a una herida terrible, desgarradora. La construcción de relato, de sentido, unido a la risa ayuda al proceso de resiliencia. La risa es sanadora, siempre.

Aunque las improvisaciones no tratan sobre su historia de vida, siempre algo se filtra, aparece como asociación, surge, brota en las improvisaciones. El reírse con otros, de otros y ellos mismos, en un espacio cuidado y sin prejuicios, el compartir, con una mirada nueva, en el presente, les ayuda a encontrar sentido y sanar, hoy.